TEQUILA DORADO

Por favor, ¿me sirve un tequila? Quiero brindar por la suerte de estar en México en este día de celebraciones. Pero que sea un tequila dorado, hoy necesito el amarillo rodeándome en todas sus formas.

No, no me estoy burlando de usted, aunque la burla sea también amarilla y por ello propendo a utilizarla, pero no tema, acostumbro a emplearla solo contra mí y para generar hilaridad. Además la hilaridad tiende al verde y lo último que busco ahora es provocar colores inapropiados.

¿Que no me oye bien? ¿Que la algarabía del gentío en la calle, unida a la distancia que nos separa, dificulta la comprensión de lo que le digo? No se preocupe, entienda lo que usted quiera si quiere entender, si no, encuentre solaz en el desentendimiento, en la sensación de que mi voz va perdiendo el mensaje a causa del rozamiento con la realidad, llegando a usted un sonido desnudo de significados. Disfrute de ese rumor ininteligible que parece salir de mi boca mientras le cuento que estoy aquí para llevarle conmigo y acompañarle a la muerte.

Tranquilo, yo tampoco entiendo lo que me dice y lo considero una bendición, no porque lo que usted me expone no me parezca interesante, sino porque puedo imaginar que todas sus palabras son amarillas y vienen hacia mí, flotando por el aire, rodeándome juguetonas y embriagándome del que va a pasar a ser, dentro de muy poco, también su color favorito.

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