ODA A LA ESPERA

Oh espera, tú que eres tan distinta de un destornillador o de un peligroso animal salvaje miniaturizado genéticamente por científicos locos para el uso doméstico.

Oh tú, concepto intangible que relacionas de formas tan distintas el tiempo y los acontecimientos potencialmente venideros, a ti dedico esta oda por merecerla,

como todas las cosas que son merecen un canto épico por su mera audacia existente.

Oh, tú que naciste de la nada para el acecho en los albores de las estructuras mentales complejas y habitas ahora triunfante en todas las conciencias, para ti son hoy mis cantos, en ti poso hoy, como se posa el ala en día claro sobre el viento, todas mis gentilezas.

PRIMER ENCUENTRO CON FLICKER SURFER

En mis trabajos de explorador interior del único humano al que tengo acceso he descubierto algo: soy alguien muy seguro y muy inseguro de mí mismo a la vez. Mis sueños y metas no tienen límites (y alguna vez tampoco mis logros) y al mismo tiempo me siento incapaz de realizar hasta las cosas más sencillas e insignificantes. Y no es que vaya pasando de un estado al otro sino que las dos circunstancias se dan de forma simultanea. Aunque no es exactamente así (una especie de simultaneidad en estado cuántico con situaciones de potencialidad intermedia) sino de forma intermitente y rápida, como en un parpadeo continuo en el que la luz es la seguridad total y la oscuridad es la más absoluta inseguridad. Y lo que define la luz de mi estado de seguridad puntual es la cadencia de este parpadeo. Y aun en la perfecta compostura existen pequeños flashes de alerta y en la opacidad más absoluta, cuando mis átomos se separan unos de otros llenándome de inconsistencia hay también pequeños e inapreciables titileos de luz pura que pueden sacarme de allí de forma milagrosamente rápida. Y siempre están las dos circunstancias, siempre existe esa tensión.

Amo la belleza y me gusta hacer las cosas bien en cualquiera de los estados, lo que me obliga a adaptarme al parpadeo que los forma, a conocerlo, a estudiar sus frecuencias y a buscar sus patrones de comportamiento y además, porque si no gastaría en ello todo mi tiempo y atención, a hacerlo de forma casi automática, como hacen los surferos para mantenerse en pie, balanceando su cuerpo y moviendo el centro de gravedad para adaptarse a las olas. Esa es la metáfora que mejor explica mi relación con mi propia seguridad. Y estoy muy contento con ella porque me va muy bien para la fabulación, permitiéndome desdoblarme, a través de ella, en un nuevo personaje. Ya no seré un único explorador homérico solitario en mí. A partir de ahora también seré Flicker Surfer, el surfero en la frecuencia del parpadeo, el buscador de la ola de seguridad interior perfecta. En este acto paso a ser un equipo expedicionario. Ya no existirá la soledad en el autoconocimiento, seré mi propio compañero desdoblado, podremos bromear juntos ante las situaciones de peligro y quién sabe si encontraré pronto en mi conciencia un nuevo personaje que me permita la perfecta trinidad, tan estable y útil para las decisiones democráticas ante los avatares del conocimiento de mi alma.

INTUICIÓN Y ESTRELLA

Hoy he tenido una intuición: que en todo el firmamento solo hay una estrella llamada “Resplandor multiplicado por ciencia rara en lo alto del cielo, que indica a los que tienen la intuición de que todas las pequeñas luces de la noche son en verdad una única estrella con una larguísima denominación (y esto sigue siendo el nombre y también el paréntesis lo es) no deben de tener miedo a nada, y ya esta bien y fin del nombre”. Menuda intuición tan extraña y optimista. Me he quedado bien a gusto.

EL INICIO

Comienza este diario. Antes de esta fecha han pasado muchas cosas, pero se me acaba de dar el regalo de un renacimiento. Hace unos días. Y los dioses no bajan por aquí a dar besos tan a menudo y nunca me habían besado tanto. Por tanto, por lo que a mí respecta, hoy comienza este diario y la mismísima realidad.